Costumbres y rituales. Bazar Chiyal

 

¡Oh, Oriente!
Con tus caprichos,
con tus colores, con tus mercados
eres digno de perfección.

Al recorrer sólo unos 80 km de Samarcanda hacia el sur, y al pasar el puerto más hermoso Kitabskiy, con sus curvas de las serpentinas en pendiente suave, pero al mismo tiempo pérfidas, os encontraréis en la tierra natal de Amir Temur. Sojibkirán nació aquí, en la región de Kashkadarya, en la ciudad Shajrisyabz. Si viajáis hacia el oeste, dentro de 20-25 km se presentará el distrito Chirakchi, cerca del cual está el mismo pueblo de Chiyal’.

A primera vista es un sencillo poblado. Y parece que no se distingue de otros poblados similares. Sin embargo, Chiyal’ desde hace mucho tiempo tiene fama no sólo en Uzbekistán sino que afuera también. Tiene gran fama por su mercado, un mercado especial. Más de mil años tiene este mercado, como si fuera un fantasma, aparece por un tiempo y después desaparece. Una vez a la semana, el domingo, aquí se reúne mucha gente, y al mediodía todo desaparece como si nada hubiera pasado, nadie hubiese estado allí…

Todavía el sol no se ha despertado, pero los arroyos de gente, vienen de diferentes lugares, poco a poco uniéndose al mismo flujo que corre por el lecho antiguo. Este lecho antiguo lleva al mercado Chiyal’.

Así, desde tiempos inmemoriales, siguiendo las costumbres antiguas, las gentes se reúnen en el mercado del Oriente. En Chiyal’, que está lejos del camino principal, se ha conservado algo que nosotros definimos con una simple palabra: tradición.

La gente viene y viene, llevando sus cargas. Los ganaderos llevan tras de sí sus animales: tanto corderos pequeños como enormes toros. En burros y en motos, en coches y en tractores, sobre sus hombros y sobre bicicletas llevan sus mercancías al mercado. Con pacas y cajas, sacos y cubos, carrocerías y a veces pequeños paquetes.

Los artículos cultivados y cepillados, acuñados y tejidos, cosidos y enfurtidos, fundidos y forjados de los artesanos y agricultores, herreros y carpinteros, sastres, jardineros y horticultores, panaderos, cazadores y pescadores. Ruido, conversación, chirrido y tabletear, bramido, risa y carcajadas - todo eso se mezcla con el polvo que se alza encima de la estepa de Karshi, llevado por miles de pies, ruedas y pezuñas.

Los desiertos se secan y de nuevo florecen. Se van unas generaciones, y las sustituye nueva vida. A los camellos y los caballos les sustituyen los coches. Y sólo uno queda invariable: el mercado de Chiyal’, aunque con el tiempo también ha cambiado su aspecto.

Por muchos años de su existencia la gente se acostumbró a él tanto como si fuera ya el agua, el aire y el hogar.

Aquí se vende la mercancía de tan lejanos kishlaks que no se lo puede figurar ya. La gente lleva sus mercancías desde Samarcanda, Shajrisyabz, Karshi. Y en otros tiempos aquí venían los negociantes de Gerat, Balkh, Bujará e India. Quizá, el mismo Timur estuvo aquí.

Así, ruidosamente, aun casi a oscuras, cada domingo comienza su vida antiguo mercado del Oriente que se llama Chiyal’.

La estepa de Karshi es un verdadero paraíso para los ganaderos. Desde antaño la ganadería ha sido la principal ocupación de la gente que vive aquí.

Aunque, en el fondo, la estepa es una parte del desierto Kizil-Kum severo y casi sin vida, la gente pudo adaptarse y aprender a sobrevivir.

El haberío es todo para los habitantes de kishlaks que viven en el gran espacio de la estepa.

Por eso el corazón del mercado Chiyal’ es el Mercado Mol que significa “de ganadería”. Es un mercado de los más asombrosos regateos, que comienzan muy de mañana cuando el cielo sólo está por despertarse.

El haberío es buen beneficio para la familia, por eso surgen esas batallas increíbles durante compras y ventas, algo que no se puede expresar con palabras.

Pero vale la pena verlo con nuestros propios ojos. Los negocios comienzan y de repente terminan. Alguien está satisfecho, otro al revés, no tuvo suerte. Otros aun van a regatear y los hombres experimentados no tienen prisa, hay que examinar todo, para elegir lo mejor. Ya que aquí hay gran surtido…

Regateos…regateos…regateos…

Parecía que ya cerraron un trato, pero no. El dueño de tres ovejas caracules durante un acuerdo aprieta la mano y no la suelta, tratando de, aunque sea un poco, subir el precio. Mientras el comprador al revés, hace todo por bajarlo. ¿De acuerdo? ¡De acuerdo! De nuevo el vendedor comienza a elogiar la calidad del caracul.

Ya es tiempo de llevar la compra a casa. Pero el toro es tan grande que entre dos fuertes batir (hércules) no pueden dominarle. ¿Qué hacer?

Los ancianos siempre pueden dar consejo. Su experiencia de vida nunca les ha dejado colgados. Por eso siempre escuchan sus consejos. Quizá, no siempre actúan como lo dicen ellos, pero siempre les escuchan con respeto y atención.

El mar bulle, el mar que fue creado del silencio de madrugada, con cada minuto se enciende de vivos colores de la seda el vivo, variado, ruidoso mercado Chiyal’.

Esa seda de diferentes colores del mercado son las frutas jugosas de la tierra fértil: manzanas dulces, vellosos membrilleros, vivos, rojos granos de granadas, infinitas filas de almendras y pistachos. Y, por supuesto, los aromas de diferentes hierbas y especias del Oriente que embriagan a cada uno.

¿Quién más puede vender así como lo hacen las mujeres del Oriente? Y qué guapas os ofrecen probar o simplemente mirar sus mercancías. Las chicas con ojos grandes, trenzas largas, con un encanto frente al cual no se puede quedar indiferente. ¿Cómo puedo negarme?

Hay tanto que ver en esos callejones interminables, construidos de montones de sacos con diferentes cosas. Los colores hieren la vista. Pero, en el mercado del Oriente, hay que estar muy atento. Si no, sin falta, alguien os venderá algo que no necesitáis en realidad.

Antiguo mercado Chiyal’ tiene su particularidad. Sólo una vez a la semana se puede visitar este mercado. Puedes encontrar todo lo que necesitas. Pues, si no, ven otra vez, sin falta, comprarás algo.

Lo más importante en el mercado son los artículos de los viejos artesanos.

«Alfarero, tienes tanto ánimo que me admira,
La arcilla que ajas, dándole de bofetones al batirla,
Y todo ese polvo húmedo, fue una encarnación,
Hasta que ese fuego vivo no se apagó en su pasión».

El anciano Omar Jayam no tenía razón. Todo lo viejo no muere ni se transforma en polvo. Sino que, ¡todo queda en la gente! Mil años tiene ese mercado del Oriente. Y nunca aquí ha sucedido que alguien robó haya robado algo.

Las alfombras y las arcas pintadas y guarnecidas con hierro, parvarda - caramelos del Oriente, batas adornadas con hilos dorados e ichiguí (calzado nacional), chapanes (ropa de abrigo nacional) y ropa para niños. Cada cosa tiene sus raíces antiguas, experiencia de muchas generaciones de los maestros y los artesanos de la antigua tierra Uzbeka.

Y qué yajna atrae y embruja por su aroma especial. Durante día y noche se prepara el cordero en caldero. Y sólo después de tal proceso se puede preparar un plato riquísimo. ¡La carne se deshace en la boca! Algo que es posible probar sólo en el mercado Chiyal’. Tanto como “Dzhis”, somsá (empanadilla nacional) de Kashkadarya y muchos otros platos de cocineros locales. ¡Venid y probadlo!

Autor: Blidaryov I.

© Este material pertenece a la compañía "Central Asia Travel».
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