Las joyas del pueblo uzbeko

Las artesanías nacionales, la joyería tradicional

 

«Sin adornos no le muestres a tu propia madre a tu padre...»
Proverbio uzbeko.

Las joyas del pueblo uzbeko Las mujeres que vivieron hace muchos años en el territorio de Uzbekistán moderno creían que el collar o los pendientes podían cambiar su vida. Y los llevaban entonces no sólo en las partes del cuerpo habituales para nosotros. Las joyas podían estar en la espalda de la bonita e incluso debajo de las axilas. Las últimas, a propósito, las llamaron «kultik tumor». Ellas se parecen un poco a un bolso de dama, asas del cual hacían de tal tamaño que la joya se ajustara muy estrecho al cuerpo. Todo esto, obviamente, lo llevaban por una razón.

La historia de las joyas comenzó mucho antes de que las empezaran a hacer de metales preciosos. Después empezaron a fabricar joyas finas de plata, oro y piedras preciosas. En esa época por las joyas tradicionales uzbekas se podía leer los hitos principales de la vida de una mujer. Las joyas hablaban de riqueza, alcurnia a la que pertenecía ella, de situación familiar. Y cuanto más joven era chica, más brillante y llamativo era su adorno de joyería. Los amuletos y talismanes, collares y pulseras de formas y tamaños muy diferentes tenían la capacidad de alejar a los malos espíritus a los que temían tanto las mujeres jóvenes.

En todo su esplendor brillaban tales joyas en la novia, y cada una de ellas simbolizaba algo. El peso máximo que llevaban las chicas de aquella época era de 10 kilos. La esposa joven debía llevar talismanes el día de la boda y andar con ellos hasta que naciera el niño en la familia.

Las joyas del pueblo uzbeko Zargars (artesanos de joyas) hacían obras maestras de joyería principalmente de plata. La antigua creencia popular dice que la plata deja sin efecto cualquier veneno, aleja a los malos espíritus y además conserva la pureza de alma y cuerpo. Había combinaciones muy diferentes: metal con rubí, esmeralda, zafiro. Existían también las piedras semipreciosas: perlas, turquesa, jaspe y corales. El oro lo usaban más raro. De oro o dorado estaban hechos los tocados «tillá-kosh» (diadema de novia). Su forma se parecía mucho a kokóshnik (antiguo tocado de la mujer rusa). En tocados brillaban piedras de varios colores y muchos colgantes adornados. Más tarde los artesanos uzbekos comenzaron a crear diademas «usmá-tillá», quedando bien con la forma de cejas que también tenían incrustaciones de piedras semipreciosas. Y aún más tarde ambas formas de esos tocados los combinaron en la una. Así resultó el kokóshnik bastante volumétrico, cuya parte inferior quedaba bien con facciones de chica.

La imaginación de joyeros era infinita. Por ejemplo, a la antigua joya «shashpó» de Bujará, la que llevaban sobre el tocado principal, se complementaban también hilos largos con gargantillas de oro, plata, corales y perlas. Junto con esa diversidad brillaban borlas de seda con capuchones metálicos en puntas. Toda esta belleza se envolvía en el tocador. Las puntas de hilos enmarcaban la cara, colgando a lo largo de las mejillas.

También fue algo que reunió a las chicas de todas las regiones. Parte integrante de cualquier vestimenta de mujer fue la joya que se llamaba «chochpopuk». Eran colgantes para trenzas en forma de borlas que se hacían de seda negra con aplicaciones de plata o dorado. A las mujeres uzbekas les encantaban collares de atados corales - «mardzhón». Hilos y gargantillas se enlazaban con cadenitas, inicialmente se creaban los fragmentos separados y luego los detalles se combinaban en una composición. La combinación de corales y monedas (collar coral) tenía elegancia particular. Pero como el colmo de la fineza y refinamiento se consideraba el medallón pesado «zebigardón» con dibujos y piedras preciosas. El medallón se engastaba en el centro del collar.

Las joyas del pueblo uzbeko «Jaikap», que se traduce como «figura», es también una de las joyas de pecho. Este contiene misterio de una antigua tradición: la gente en los viejos tiempos llevaba en su pecho las imágenes de varios animales (protectores de la generación). Estaba hecho de una placa de plata con piedras que se conectaban con cadenas de plata en varias filas. Su parte central, en la que se representaba una imagen de algún animal, se distinguía no sólo por forma, sino además por elegancia del cincelado.

Otra asombrosa obra de arte de joyería es «tumor» (estuche para amuletos). Se presentan en muy diversas formas geométricas: triangulares, con la cima hacia arriba, rectangulares y cilíndricos, y seguramente con una oración que proteja. Por eso los «tumors» se los hacían de un modo muy especial, aplicando el tipo más antiguo del refinamiento artístico de metales (filigrana). Los «tumors» estaban colgados de collares.  Algunos preferían llevar «tumors», al atarlos a la cadena en el pecho. Las mujeres uzbekas guardaban en ellos sus amuletos, hechizos mágicos, e incluso podían guardar en «tumors» unas notitas de un ser querido.

Las amantes de alta moda podían llevar los pendientes incluso dos pares a la vez. Había una gran variedad de formas de pendientes. De anillo fino de plata con cuentas («zirak») a pendientes de oro en forma de pétalo («shibirmak») con grandes rubíes en el centro rodeados de perlas. Se consideraba que elaboración de anillos y pendientas era una artesanía de arte tan grande que la aprendían separadamente. A los joyeros los llamaban «ziraksoz» (artesano de crear pendientes) y «uzuksoz» (especialista de anillos).

Las joyas del pueblo uzbeko A propósito, en Oriente algunas mujeres hasta el día de hoy llevan anillos en todos los dedos, excepto el medio. Se considera que una sortija en el dedo medio es el símbolo de soledad.

También todas las piedras tenían sus símbolos mágicos, con las cuales estaban cubiertas las joyas. Se tenía en alta estima la cornalina «jakik».  La gente creía que ella traería felicidad, salud, alejaría del peligro y aydaría a descubrir engaño. Es por eso que casi todas las pulseras (brazaletes) y anillos están decorados con engastes precisamente de cornalina. En cambio, las perlas poseen el poder sanador.

Esas leyendas, creencias y señas junto con secretos y detalles de la tecnología excepcional y elaboración de piedras y metales preciosos se transmitían de generación en generación. Los verdaderos artesanos-maestros numerosos eran muy valorados. Por lo tanto, las pulseras caladas o pesadas, los anillos y pendientes de toda clase, los colgantes y collares en todos los tiempos eran parte constante del conjunto de vestimenta uzbeka femenina incluso más modesto

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