Trekking en las montaňas de Pamir y Tian-Shan

 

     Si alguien apenas pronuncia susurrando muy quedo la palabra “Asia”, la persona, que aún no había viajado allá, tiene una nostalgía rara: como si no fuera ella, presente, sino aquella, de alguna vida pasada, como si ya hubiera estado allá y se acuerda mucho, no claramente, sino vagamente, como si hubiera sido en un sueňo… Así un adulto recuerda muchos cuadros disolventes de infancia… Magnífica Asia atrae a los viajeros en un nivel genético, como si fuera alguna alta fuerza, como si alta razón diera un inmenso mensaje de energía, como si quisiera hacer llegar al hombre su idea profunda, que contiene la Misma Verdad.
Asia… La cuna de la sabiduría…El convento de la espiritualidad… El hallar las revelaciones… El país de cuentos y leyendas… Los siglos -largos, distintos, claros y amargos, los siglos de viajes y vagabundeos, de buscar y de descubrir, los siglos de guerras penosas y felicidad de la serenidad, los siglos de los amaneceres de albaricoque, los siglos de esperanzas…
Las sendas polvorosos de Asia… ¿Dónde estás, bueno viajero? ¿Dónde?
Los ancianos sabios de Asia… ¡Apaga la sed con generosa copa de pura agua fresca…! El agua de manantial que te salva en los días calurosos…
Es imposible no viajar a Asia aunque una vez en la vida, no tocar su sagrada tierra, que es bendecida por el blanco sol ardiente para una vida larga y alegre bajo esas eternas montaňas blancas…
¿Dónde estás, bueno viajero? Asia te espera…

¡Bienvenido!

 
 
 
 

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