La yurta es el símbolo de la vida kirguisa

 

La yurta es el símbolo de la vida kirguisa, es una casa transportable de muchas funciones.

Hasta hoy en día en las ciudades grandes algunas familias kirguisas colocan la yurta con motivo de fiestas importantes, como, por ejemplo, son el nacimiento de bebé, la boda o funerales. En la bandera de la República Kirguistán se puede ver la imagen de la yurta. Esto subraya su importancia: la bandera de la República es de color rojo, en el medio de ella está representado el tundyuk - la parte central del techo de la yurta con las varas cruzadas en el centro del círculo de madera.

La yurta es una de las óptimas decisiones constructivas y arquitectónicas de los nómadas. En la yurta pasaba toda la vida de los nómadas. Habitualmente la instalaban en los montículos, de donde era más cómodo cuidar del ganado y ver todo el mundo. La construcción de madera y el cubrimiento de fieltro de la yurta se perfeccionaban a lo largo de los siglos - la yurta se desmonta fácil y rápidamente, consiste de diferentes piezas combinadas. Durante las migraciones hacia los nuevos campamentos la yurta con todo el contenido se cargaba al camello, caballo o yac.

Cuando se monta la yurta, al principio se coloca la jamba con puerta, luego se instalan las rejillas de madera kerege, que componen las paredes. El Tundyuk (el círculo de madera en la parte superior de la yurta) se une con el kerege - largas pértigas encorvadas. Luego el kerege se cubre de fieltro ornamentado, esteras, pedazos de fieltro de diferentes formas y tamaños, y se envuelve con los cordones y estrechas cintas bordadas. Se tarda una hora en instalar una yurta. El diámetro de una yurta de tamaño medio es de unos 5 m, la altura es de 3 - 3,5 m.

En la instalación de las cosas y el alojamiento de los miembros de la familia los kirguises siguen rigurosamente las tradiciones seculares. En el centro, bajo el tundyuk, se coloca el hogar kolomto, donde habitualmente se prepara la comida y que puede calentar todo el local.

El espacio habitable se divide en cuatro partes. El lugar enfrente de la entrada en la yurta tor es el más honorable. Aquí se sitúan los huéspedes y los hombres mayores de la familia. Aquí sobre los baúles montan pilas de mantas, tapices, ropa de piel, es decir todo lo que representa la riqueza de familia. A la derecha de la salida está la mitad femenina epchi dzak, donde se guardan los productos y utensilios, a la izquierda se sitúa la mitad de hombre er dzak, donde a la entrada se cuelgan los elementos de la economía ganadera, el equipo de caballo y de caza. La yurta se iluminaba por medio de la mecha de algodón y la grasa vertida en el candil de hierro fundido o de barro chirak. Habitualmente lo colocaban sobre el soporte de madera esculpida, el pie agudo del cual se clavaba en la tierra.

La entrada en la yurta se cierra con la cortina de fieltro, que se decora con la aplicación de un fieltro más fino de color azul y rojo y se orla con cordón de color. Los símbolos sagrados, los alegres colores brillantes sirven como una invitación original al huésped siempre esperado.

El maestro experimentado puede fabricar la yurta en un mes, pero ésta va a servir muchos años. La yurta acompaña a la gente durante toda su vida - se traslada junto con ellos, y cuando una persona muere, sus parientes colocan cerca de la casa del difunto una yurta para expresar la pena y conmemorarlo.

La vivienda kirguisa y las costumbres y ritos, vinculados a ella.
Cuando instalaban la yurta orientaban la entrada de maneras diferentes, según el relieve del terreno y la dirección del viento. Sin embargo en general predominaban las orientaciones al este, al centro del campamento.

Los kirguises tenían una serie de costumbres y ritos vinculados a la yurta. Primero cuidaban la yurta y sus accesorios. No se hablaba mal de la yurta. Entre los kirguises los maestros que hacían las yurtas «uychu», «usta», también las maestras «uzdar» gozaban de respeto especial. Había una costumbre «uy toyu» - nueva vivienda. Cuando la familia montaba una nueva yurta, obligatoriamente se organizaba la fiesta. La cabeza de animal sacrificado (el ganado menor) en crudo la echaban a través del humero de la yurta - «tundukten ashi ra yrgytat». Al fieltro o a la estera cosían un trozo de fieltro viejo para que sirva de talismán.

En cuanto al hogar - «kolomto», también había una serie de costumbres. El fuego en las nociones de kirguises tenía la fuerza purificadera. No escupían en él, no rociaban el agua, no se podía ir alrededor del fuego, saltar a través de él. No les daban la ceniza ardiente a los vecinos cuando era de noche. Si moría alguno de los miembros de la familia, el cuerpo del difunto, por costumbre, lo guardaban durante tres días en la yurta. En este caso de la yurta se sacaba toda la decoración y utensilios, se quedaban sólo unos tapices de fieltro - «kiyiz», «shirdak», «kilem», sobre los que estaban sentadas las lloronas. Si el difunto era hombre, el cuerpo se ponía en la parte de hombre de la yurta, y si era mujer - entonces en la parte femenina.

En general, la yurta no es sólo un tipo de la vivienda de uno de los pueblos nómadas de Asia Central, sino es la magnífica tradición kirguisa, que seguramente Ud va a conocer durante su primera visita a la República Kirguistán.

 

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