Historia de Irán. Primera parte.


Irán es un país con un gran pasado. Aquí había de todo: las guerras defensivas y de conquista, revoluciones, sublevaciones, aplastamiento de estas insurrecciones, ejecuciones; pero al mismo tiempo aquí vivían y creaban sus obras los grandes científicos de las épocas pasadas, florecían cultura y artes, se construían magníficos monumentos de arquitectura que hasta hoy en día nos sorprenden con su belleza. ¡Cuántas dinastías han reinado aquí - sin contar! Y cada una tenía sus leyes y reglas que nadie podía infringir. Sí, Persia durante su historia ha sobrevivido mucho hasta que se ha convertido en el país que conocemos ahora.
La historia de Irán se divide en dos períodos: preislámico e islámico. La islamización de la sociedad iraní llevó a los cambios fundamentales en su estructura cultural, social y política. Sin embargo, y después de la adoptación del islam los antiguos valores espirituales no desaparecieron. Aún más, ellos influyeron mucho en la nueva cultura nacida, que algunos científicos llaman el islam iraní. En el Irán moderno se conservan muchas tradiciones y ritos preislámicos. A lo largo de muchos siglos después de la conquista árabe se han emprendido los intentos de resucitar las antiguas tradiciones. El último intento fue realizado en el tiempo de la dinastía Pahlavi.

La época de los Aqueménidas.
Se suele empezar la historia del sistema estatal iraní a partir de Ciro II, el fundador de la dinastía de los Aqueménidas (550-320 a.C.), que unificó dos grupos más grandes indo-iraníes - los medos y persas. Mucho antes del surgimiento del Imperio Persa, los medos, cuya capital era Ecbatana, situada en los alrededores de lo que es ahora Jamadán, alcanzaron un nivel muy alto en la organización política, y en 612 a.C. conquistaron Ninevia, la capital de Antigua Asiria.
La ampliación del Imperio Persa la empezó Ciro II, que según la leyenda contada por el historiador griego Jenofonte, era el nieto del rey de Media por la línea materna, y se continuó durante el reinado de sus descendientes, especialmente Darío I. En el momento de su auge las fronteras del imperio se extendían hasta Asia Menor, Asia Central, Egipto y el valle del Indo. Uno de los monumentos arqueológicos e históricos más importantes de la época aqueménida son las ruinas de su capital Persépolis o como la llaman los iraníes Tajt-e Yamshid; el sepulcro de Ciro II en Pasargadas y la Inscripción de Behistún tallada en la roca durante el reinado de Darío I. Persépolis fue incendiado por Alejandro Magno después de la conquista de Irán, lo cual puso fin al imperio de los Aqueménidas.
Algunos historiadores suponen que el antiguo profeta persa Zaratustra vivía y predicaba durante los primeros años de la dinastía aqueménida. La altamente desarrollada cultura de Mesopotamia ejerció mucha importancia en los Aqueménidas, que aprovechaban ampliamente los talentos de los pueblos conquistados. Al mismo tiempo los Aqueménidas hicieron gran aportación en el desarrollo de la civilización de una vasta región que se extendía de la India hasta Egipto. Los Aqueménidas primeros elaboraron la concepción del gobierno y estado mundial. Prácticamente no se han conservado los testimonios escritos de la época aqueménida debido a que Alejandro Magno ordenó traducir todas las obras iraníes al griego e idioma copto, y exterminar los originales, incluso el Avesta, el libro sagrado de los zoroastristas.

El período de la época helenística.
Después del colapso del imperio Aqueménida en 330 a.C. y hasta la creación del imperio Sasánida (el imperio persa nuevo) en 224 d.C. el país sobrevivió la declinación, y su cultura se degradó.
A partir del tiempo de las conquistas de Alejandro Magno y hasta la formación del Imperio Parto (248 a.C.) Irán se encontraba bajo el dominio de la dinastía griega de los Seleúcidas y formaba parte del estado del mismo nombre. En aquel tiempo el idioma y cultura griegos se habían distribuido por todo Irán y habían penentrado en las capas superiores de la sociedad iraní. Los colonos de la Hélade, a su vez, experimentaron la influencia de la cultura iraní, aunque eso pasó solamente en aquellas esferas, donde no había comunidades grandes y autosuficientes de los griegos. La cultura autóctona más pura se había conservado en el sur, en la provincia Fars, el corazón del estado aqueménida.

El Imperio Parto.
Después de los griegos el poder sobre Irán pasó a los partos, y el país formó parte del Imperio Parto. Los reyes partos pertenecían a la dinastía de los Arsácidas, que se habían declarado los descendientes de los Aqueménidas. Indudablemente, los Arsácidas se encontraban bajo la influencia fuerte de la cultura griega. Al mismo tiempo los Arsácidas contribuyeron a la liberación de Irán del poder de los griegos y protegieron el país de las incursiones de los nómadas del este y la invasión de los romanos. Con los Arsácidas vinculan la creación de la épica popular iraní y la multitud de historias y personajes heroicos, por ejemplo Rustem, a quien consideran el análogo iraní de Herácles. En la época musulmana el poeta persa Firdousi reflejó estas leyendas en el poema «Shakhname» (el Libro de los reyes). Con todo eso, entre los iraníes los Arsácidas no gozaban de tanto respeto y amor, como los Aqueménidas y Sasánidas; incluso Firdousi se refería a ellos con menosprecio.
En el plan político en el período parto se reforzó el feudalismo, lo cual llevó al debilitamiento del estado y, al fin y al cabo, a las derrotas militares y la llegada al poder de los Sasánidas.

Imperio Sasánida.
La antigua cultura iraní se había conservado más en la provincia Fars. Durante el reinado de los Arsácidas, cuando los distintos príncipes menores gobernaban en Fars, se aumentaron las discordias feudales. En uno de los principados, Stakhr (Israkhr), gobernaba la dinastía Bazrangi. El sacerdote del templo de Anahita en Stakhr era Sasan, el representante de un linaje noble, que estaba casado con una princesa joven de la familia de Bazrangi. Le heredó su hijo Papak que aprovechó su posición para promover a su hijo Ardashir, que se hizo el fundador de la dinastía Sasánida. Esto pasó después de que fuera derrotado el último rey parto Artabán V, o sea entre el año 224 y 226 d.C. Parece que Ardashir I consiguió restablecer las fronteras antiguas de Irán, pero la ampliación real del imperio comenzó en el tiempo de su heredero directo Shapur I, cuando los límites del estado se extendieron hasta las regiones occidentales de China e incluían también Transcaucasia y Panyab. Shapur I luchó contra los romanos, y hasta consiguió cautivar a Valeriano, el emperador romano. Desde entonces los Sasánidas constantemente guerreaban con Roma, y más tarde con Bizancio.
Durante el reinado de los Sasánidas en Irán se desarrollaron las ciudades, y se fortaleció el poder central. Al mismo tiempo el zoroastrismo se hizo la religión oficial, se establecieron el sistema de cuatro escalones de la división administrativa y la estratificación de sociedad en cuatro estamentos. En la época de los Sasánidas a Irán penentró el cristianismo, sin embargo el clero zoroastrista se contrapuso a esta religión, y como consecuencia aparecieron tales movimientos religiosos de oposición, como el maniqueísmo y mazdakismo.
El sha más conocido de la dinastía Sasánida era Cosroes I Anusarvan (la traducción literal - «con el alma inmortal»; los años de gobernación 531-579), cuya gloria se conservaba a lo largo de muchos siglos después de la caída del estado Sasánida. Cosroes I era un gran reformador y manifestaba un gran interés por la ciencia y filosofía, y hasta tal grado que muchas fuentes antiguas no iraníes lo comparaban con el "rey-filósofo" de Platón.
Las continuas guerras con Roma sembraron las semillas de la posterior declinación de los Sasánidas. La primera gran batalla fue perdida a los árabes en el año 641. Con la muerte de Yazdegerd III, el último de los Sasánidas, se acabó la primera etapa de la historia de Irán.
El ejerciro árabe derrotó a los Sasánidas en la gran batalla de al-Qadisiyyah en 637. Con la muerte de Yazdegerd III, el último de los Sasánidas, en Jorasán en el año 651 se acabó el período preislámico de la historia de Irán.

Las dinastías locales y el renacimiento persa.
Con la ampliación del califato árabe el control del centro (Damasco en el tiempo de Omeyas y Bagdad en el tiempo de los Abasíes) sobre las provincias se debilitó, lo que contribuyó a la aparición de las dinastías locales en Irán. La primera dinastía local era la dinastía de los Tahiridas que gobernó en Jorasán entre 821 y 873. La sustituyeron los Safáridas, que en la segunda mitad del siglo 9 gobernaron en el territorio de Jorasán, Herat e Irán del sur. A finales del siglo 9 el trono lo capturaron los Samánidas, que creían ser los descendientes del jefe militar parto Bahram Chubín. Esta dinastía mantuvo el trono más de medio siglo, habiendo difundido su poder desde los extremos orientales de la meseta Iraní casi hasta la cordillera Zagros y el mar de Aral. Durante el reinado de Nasr-ibn Ahmed en el imperio con el centro en Bujara vivió y creó sus obras el famoso poeta Rudaki.
Todas estas dinastías llegaron al poder del mismo modo: sus fundadores eran vasallos o gobernadores generales que capturaron el trono en el resultado del golpe armado contra los señores feudales. Más tarde, en la segunda mitad del siglo 10 en el territorio de Irán coexistían dos clanes gobernantes más, que controlaban la costa del mar Caspio y tenían fama como los protectores de la literatura y las artes. Unsur al-Maali (Key Kabus), el autor del libro "Kabus-name" - la colección de las parábolas moralizadoras, es el más conocido. En 1007 erigieron el monumento funerario a su abuelo Kabus ibn Vashmgir, que era escritor y escribía en árabe, construido como una columna de ladrillo de 49 metros de alto, que se ha conservado hasta hoy en día en la costa sudeste del mar Caspio. Durante la gobernación de los Ziyáridas se hicieron famosos Abu Ali ibn Sino (Avicena), filósofo, médico y músico, y también Dakiki, uno de los fundadores de la moderna literatura persa.
En el Irán central en el siglo 10 gobernaban los monarcas de la dinastía de Búyidas. Ellos conquistaron Jamadán, Ray, Isfaján, Kermán, Juzistán, Fars y Bagdad, aunque todavía reconocían el poder espiritual del califa de los Abasíes. Los Búyidas, que eran los chiítas, eran los primeros que introdujeron la costumbre de conmemorar el día de luto dedicado al tercer imám chiíta Hussein ibn Alí, asesinado en 680 d.C.

Las dinastías de los Gaznavidas y Selyúcidas.
En el siglo 8 a la meseta Iraní penentraron las tribus nómadas túrquicas. Después de pasar a la vida sedentaria éstos se encontraron bajo la influencia de la cultura islámica iraní, y empezaron a crear palacios de los reyes según el modelo de los Sasánidas. Uno de los jefes tribales, Alp-Tegin, que servía a los Samánidas, en 962 se hizo el señor del estado con la capital en Ghazna y fundó la dinastía de los Gaznavidas, que gobernó durante más de 100 años. Majmud Gaznavi (998-1030), ganó muchas batallas militares en la India y recogió trofeos ricos. Él controlaba incansablemente un extenso territorio desde la India hasta Mesopotamia. En la corte de los Gaznavidas se reunieron los poetas y científicos, entre los cuales se encontraba Firdousi - el creador de la conocida épica iraní «Shakh-name» (el Libro de los reyes).
Majmud dejó asentada en Jorasán a una tribu fuerte de los turcos-oguz, la cual posteriormente se sublevó y arruinó el imperio de los Gaznavidas. El jefe de los oguz Togrul-bek Selyuc se dirigió al occidente, ocupó Bagdad y recibió de las manos del califa el título de sultán, después de lo que declaró la ciudad de Ray como capital y fundó la dinastía de los Selyúcidas. Estos últimos se convirtieron en islam y sometieron bajo su poder a los gobernadores hereditarios locales, sin embargo durante muchos años tenían que participar en las guerras infinitas para conservar y fortalecer su posición preponderante. Los dos monarcas más conocidos de esta dinastía eran Alp-Arslan (los años de gobernación 1063-1072) y el Melik-sha (1072-1092). En calidad del visir (el primer ministro) les servía Nizam al-Mulk, el autor de un tratado inmortal «el Libro sobre la gobernación». En el tiempo de los Selyúcidas floreció la arquitectura, se construyeron unas centenas de mezquitas, madrazas, palacios y edificios públicos. En aquel momento vivían y creaban sus obras Omar Jayyam, Muhammed Gazali, el Farid-ad-din Attar. Siendo los sunníes ortodoxos, los sultanes realizaban las represiones contra los chiítas, también contra los seguidores de Khasan ibn Sabbaj, conocidos como «assasinos».
Al mismo tiempo durante el reinado de los Selyúcidas ocurrían las constantes sublevaciones en las provincias e incursiones de otras tribus túrquicas, que iban al oeste. A finales del primer trimestre del siglo 12 el imperio creado por Togrul-bek empezó a desmembrarse. En el extremo noreste se separaron los gobernadores de Khorezm, y fundaron la dinastía de los Khorezmshahs. Más tarde una de las ramas de la dinastía de los Selyúcidas empezó a gobernar independientemente en Kermán, en sureste de Irán.

El dominio mongol.
En 1219 el ejército de Gengis khan se apoderó de Khorezm y se dirigió al occidente, habiendo capturado y saqueado Bujara, Samarkanda, Balkh, Merv y Nishapur. En 1256 el nieto del gran conquistador Hulagu-khan invadió Irán, y en 1258 asedió y tomó al asalto Bagdad, habiendo destruido así el califato Abasí. Al volver a Irán noroeste, él aceptó el título de iljan y fundó la dinastía de los Julagüidas. Todas las ondas anteriores de la invasión mongola se acompañaban de las matanzas de centenas de mil de habitantes, destrucción de muchas ciudades glorificadas y sistemas vitalmente importantes de irrigación. Al caer bajo la influencia del nuevo ambiente, Hulagu-khan y sus sucesores aceptaron la religión, el modo de vida y cultura de Irán. El biznieto del fundador de la dinastía Majmud Gazan-khan (los años de gobernación 1295-1304) eligió Tabriz como la capital de su imperio. Su hermano y sucesor Olyaitu Muhamad Jodabende construyó una nueva capital Soltanie. Las posiciones de los mongoles se hacían más débiles con la activación de las fuerzas centrífugas. En las regiones al oeste de Kerman el poder lo capturaron los Muzafáridas, y después de la muerte del iljan Abu Said en 1335 y hasta el final del siglo las dinastías menudas y gobernadores feudales lucharon continuamente entre sí. En el tiempo de los iljanes prosperaban la literatura, astronomía y medicina. En aquel momento creaban sus obras el escritor y pensador Saadi de Shiraz y el poeta-sufí Djalaleddin Rumí.
Como resultado de las guerras largas Amir Timur (Tamerlán) entre 1380 y 1395 consiguió capturar todo el territorio de la meseta Iraní y someter las tierras adyacentes al Mediterraneo. Sus descendientes, entre los que eran Shajruj, Ulugbek y Sultán-Husein, pudieron conservar el estado de los Timuridas aproximadamente hasta 1506, cuando se cayó bajo el poder de la dinastía uzbeka de los Shaybanidas. Los centros principales de la cultura en los siglos 14-15 eran Samarkanda y Herat. Se hizo muy famosa la escuela de miniatura de Herat que se había formado alrededor de Kamaledin Bejzad. En Herat creaba Abdurajman Yami, y en Shiraz - Shamseddin Jafiz.

La dinastía de los Safávidas.
A lo largo de todo el siglo 15 en Irán noroeste gobernaron las familias de los turcos-oguz de la tribu kara-koyunlu («los carneros negros») y ak-koyunlu («los carneros blancos»), que luchaban entre sí. En 1502 Ismail I, el descendiente del jeque Sefi ad-din Isjak de Ardebil, que vivía durante la gobernación de los iljanes y que había fundado la orden religiosa Sefevie, agrupó alrededor de sí a siete tribus túrquicas y derrocó a la dinastía de la tribu ak-koyunlu. Habiendo aceptado el título del sha, Ismail se hizo el primer monarca de la dinastía azerbayana de los Safávidas. Durante el reinado de sus sucesores Irán sobrevivió por última vez el período de renacimiento de la potencia militar, la prosperidad económica y la unidad nacional. Sin embargo, los Safávidas a pesar de las raíces iraníes, se asimilaron mucho con los turcos y no hicieron nada para conservar las antiguas tradiciones iraníes. El segundo sha de la dinastía safávida Tajmasp I (1524-1576) sufrió una serie de las derrotas por parte del ejército otomano y trasladó la capital de Tabriz a Kazvin, la ciudad más alejada de la arena de las operaciones militares.
En 1587 al trono ascendió Abbas I. Durante su gobernación (hasta su muerte en 1629) el estado de los Safávidas era poderoso y prosperaba. En el este expulsaron a los uzbekos de Jorasán. En el oeste derrotaron a los otomanos, sometieron de nuevo Azerbayán, Armenia y Georgia. En 1636 el Imperio Otomano e Irán celebraron un acuerdo que determinaba la frontera, la cual se quedó invariable hasta el siglo 19.
En 1598 el sha Abbas I trasladó su corte a Isfaján y comenzó la construcción de la capital. La creación del ejército regular de mercenarios garantizaba la seguridad interior, y la devoción del monarca llevó a que muchos puestos estatales superiores fueron ocupados por los clérigos musulmanes. Tomando las medidas drásticas para fortalecer su posición Abbas I exterminó de su propio ambiente a los posibles adversarios. Como resultado, sus sucesores - los shas Sefí I, Abbas II y Suleiman - fueron incapaces de consolidar los éxitos antes obtenidos. Durante la gobernación del sha Sultán Hussein (1694-1722) las tribus afganas gilzaí y abdalí se sublevaron y proclamaron la independencia de Kandagar y Herat, después de que se dirigieron al oeste y asediaron y conquistaron Isfaján. En 1722 Sultán Hussein reconoció el gobierno del emir Mahmud Hotaki, el jefe de los afganos, pero ni ése, ni su sucesor Ashraf no consiguieron conservar la integridad del país. Poco tiempo después los turcos capturaron el Irán noroeste, y Rusia de Pedro I conquistó la costa del mar Caspio.
En la defensa de los derrocados Safávidas salió Nadir-kulí, el representante de la tribu turcomana de los afshares de Jorasán, que encabezó la lucha contra los invasores afganos. En 1726 él consiguió expulsarlos de la ciudad principal de Jorasán - Mashhad. En 1730-1736 Nadir-kulí tuvo éxito en las operaciones militares contra los turcos, que aspiraban a someter Irán, y en 1736 usurpó el poder real bajo el nombre del Nadir-sha y fundó la dinastía de los Afsháridas. Nadir-sha realizó la marcha a la India, capturando los tesoros del Delhi, derrotó a los uzbekos en las tierras al norte del río Amu-Daria y ocupó el archipielago Bahrayn en el golfo Pérsico, pero en 1747 como resultado del complot militar fue asesinado por uno de sus soldados.
En 1760-1779 todo el Irán del sur se encontró bajo el dominio de Kerim-kan, el fundador de la dinastía Zand. Gobernando en Shiraz, él se había declarado como pretendiente al trono de los Safávidas. La dinastía Zand dejó de existir después de ser derrotada por la tribu túrquica de los kayares. Su jefe Aga Mohammed-kan poco a poco consiguió conquistar todo el territorio de la meseta Iraní, y en 1796, un año antes de su muerte durante la campaña militar, él fue proclamado el sha.

La dinastía de los Kayares.
Después de Aga Mohammed-kan y hasta 1925, cuando la dinastía de los Kayares fue derrocada, gobernaron Fetj-Ali-sha (1797-1834), Mohammed-sha (1834-1848), Nasr-ed-din-sha (1848-1896), Mozaffer-ed-din-sha (1896-1907), Mohammed-Ali-sha (1907-1909) y Ahmed-sha (1909-1925). Los Kayares fueron incapaces de crear el ejército nacional, la administración estatal centralizada y el sistema fiscal unificado, por eso el poder era demasiado débil para resistir a las aspiraciones imperiales de la Gran Bretaña y Rusia. A principios del siglo 19 Irán perdió las provincias caucásicas (el territorio del Azerbayán moderno, Armenia y Georgia), que se anexionaron a Rusia después de largas guerras de 1804-1813 y 1824-1828. En la segunda mitad del siglo 19 Afganistán y Turkestán, que estaban en la esfera de intereses iraníes, se encontraron bajo el control de Gran Bretaña y Rusia. Además el Irán mismo se hizo la arena de la rivalidad rusa-británica.
Durante la dinastía de los Kayares (1796-1925) se emprendieron varias veces las tentativas de modernizar la administración estatal y estructura económica. Se conoce más la actividad reformadora del Tagi-kan o Amir Kebir (1808-1852), que fue el primer visir y comandante en jefe de Nasr-ed-din sha que entonces había subido al trono. Amir Kebir echó los cimientos del mecanismo moderno del estado y ejército regular, él realizó la política estímulante de empresa local, fundó la primera escuela del tipo europeo - Dar-ol-fonum y envió a los estudiantes para estudiar al extranjero. Sin embargo el clero y algunos señores feudales estaban descontentos con las reformas del Emir Nezam. Por la calumnia falsa él fue acusado de la traición y por la orden del sha fue exiliado, y luego en 1852 lo asesinaron. A partir de la segunda mitad del siglo 19 Irán se hace el objeto de la expansión del capital ruso e inglés. La forma básica de penetración del capital extranjero a Irán era la concesión. Algunas concesiones que afectaban los intereses del capital local, provocaron el descontento de masas. El primer movimiento de oposición dirigido contra capital extranjero, era el movimiento por la anulación del monopolio de tabaco en 1891, como resultado esa concesión fue anulada. La rivalidad entre Rusia y la Gran Bretaña le ayudó a Irán conservar la soberanía política, aunque en realidad él fue transformado en semicolonia y fue dividido en las zonas de influencia. El asesinato en 1896 de Naser-ed-din sha reflejó el descontento con la política del sha. A partir de 1905 por el país pasó una onda de protesta en forma de manifestaciones de masas y huelgas que paralizaron la actividad de los órganos administrativos y la vida económica del país. Bajo la influencia de la revolución rusa de 1905 una de las tareas principales del movimiento se hizo la exigencia de la constitución. Como resultado Mozaffer-ed-din-sha (1896-1907) se vio obligado a aprobar la constitución e convocar el medjlis (parlamento). Asimismo el poder del sha fue limitado, y el medjlis fue facultado para aprobar las leyes, presupuesto, acuerdos con los estados extranjeros. Su hijo Mohammed-Ali-sha (1907-1909) intentó restaurar el poder del sha, pero no tuvo éxito y en resultado de la ofensiva de los grupos de revolucionariamente dispuestos insurrectos contra Teherán él había sido derrocado del trono, que más tarde ocupó su hijo, menor de edad, Ahmed-sha (1909-1925). El último gobernador de la dinastía de los Kayares se resignó al papel del monarca constitucional y evitaba los conflictos con el medjlis. En diciembre de 1911 la policía iraní apoyada por el ejército ruso zarista y las fuerzas armadas inglesas efectuó el golpe contrarrevolucionario y desconvocó el medjlis. Así fue aplastado el movimiento revolucionario iraní y anulados muchos de sus logros.
La Gran Bretaña y Rusia se opusieron al régimen constitucional. Ya en 1907 ellos firmaron un acuerdo, según el que Irán de hecho fue dividido en las zonas de influencia: la Gran Bretaña reconoció el Irán del norte como zona de la excepcional influencia de Rusia, y Rusia reconoció las pretensiones británicas al Irán del sur; la parte central del país era la zona neutral.

Historia de Irán. Segunda parte.

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